Y hay que se queda en mi memoria , año 2018,

una de las tiendas más fantásticas para un artista, cientos de pigmentos de cualquier color que te pudieses imaginar había, en todas sus tonalidades, una maravilla, o el paraíso absoluto, era. 

Estaba en el barrio de Ueno cerca de la estación,

en un callejón donde había de todo menos arte, restaurantes , locales nocturnos. Al atardecer se encendían los neones y el callejón cogía vida, de día solo estaba ese pequeño paraíso de color para los privilegiados que lo conocíamos. 

Pero no sé si fue por  la pandemia o la jubilación de la señora que lo llevaba, pero ya no está, ahora solo hay un espacio de venta de bebidas, tristeza y realidad, todo tiene un tiempo para estar y desaparecer, intentaré encontrar mi nuevo paraíso. Gracias por haberme regalado unos momentos fantásticos.